Te odio. Espero que te sientas muy orgulloso de tus actos porque a mi no pueden parecerme menos que deplorables. La forma en que te comportaste es, como mínimo, desagradecida, aunque yo la calificaría de egoísta, cruel y despiadada. No entiendo como una persona que se supone que te quiere puede cambiar de opinión con tanta rapidez. Apenas 3 horas después de reencontrarte conmigo decretaste que no querías seguir con ello. ¿Unas horas son suficientes para tomar una decisión pero el mes anterior no? ¿No crees que deberías haber tenido el mínimo de cortesía como para no hacerme perder un mes de mi vida libre esperándote? Arruinarme medio verano no te pareció suficiente. Lo que más me revienta es que intentaras maquillar tu inmadurez. La sentencia no nació de la compasión si no de tu falta de responsabilidad para con los sentimientos ajenos.
Cuando todo empezó me pidieron que me quitara las armaduras, y me las quité; que asumiese lo que sentía, y lo asumí; me aconsejaron que confiara, y yo, que debo ser estúpida, confié. Todo para que un alguien que no se merecía tales esfuerzos se dedicara a retorcerme el estómago hasta que el ácido que contenía me corroyera, sin molestarse siquiera en perder la entereza ante mi agonía. Gracias por los consejos, almas caritativas. Mirad lo bien que me ha ido escuchándolos.
No hay comentarios:
Publicar un comentario