Hace muy poco me tocó batallar contra un dragón indomable que muchos de mis compatriotas han sufrido, más con mala suerte que otra cosa, en algún momento de su vida. El señor Larra ya escribió sobre las mieles que este monstruo puede proporcionar, seguido muy de cerca por Arturo Pérez Reverte y algunos otros hombres y mujeres de tinta y pergamino más. Muchos monologuistas han contado a base de chascarrillos las penurias que ese engendro les ha hecho pasar. Ninguno de nosotros ha salido airoso de tan tremendo enfrentamiento, básicamente porque el bicho contra el que luchamos está situado en una posición de poder. La alimaña en cuestión no es, ni más ni menos, que la burocracia española unida al sentimiento de superioridad del funcionario común.
Uno tiende a pensar que estando en el siglo XXI los problemas derivados de las inevitables gestiones administrativas habrían de estar solucionados, nada más lejos de la verdad. La cruda realidad es, señoras y señores, que las nuevas tecnologías sólo han conseguido emborronar aún más el largo camino de cada trámite que un ser humano medio ha de realizar a lo largo de su vida. Antes, para conseguir que te renovaran el DNI, el único medio del que disponías era hacer cola en la oficina de tu elección y esperar pacientemente con tu foto de carnet (en la que obviamente nunca se sale favorecido, milagros de la impresión fotográfica) y tu carnet antiguo. Ahora, además de eso, es necesario pasar entre dos y tres semanas llamando a un 902 para conseguir una cita de renovación antes del siglo que viene. Cualquiera pensaría que eso significa ahorrarse la espera en la citada oficina, pero no.
En el caso de una matrícula para cualquier estudio que se quiera cursar, fuera de la primaria y secundaria obligatoras, según la página web de la Comunidad de Madrid (en otras comunidades desconozco el guirigay que tienen en cuanto a documentación se refiere, pero no se alejará mucho de este) sólo es necesaria una fotocopia de tu tarjeta de selectividad, que por ende no es ni mucho menos una tarjeta, si no un mero boletín de notas con el nombre cambiado. Pero en el momento de realizar tu matrícula descubres que te requieren, nada más y nada menos que los siguientes artículos: fotocopia de la tarjeta de selectividad, fotocopia del historial de calificaciones de bachillerato, fotocopia del DNI, matrícula cumplimentada debidamente y por triplicado, foto de carnet y fotocopia del resguardo bancario resultante de haber realizado el pago del certificado de bachillerato. Y todos los originales correspondientes sellados y vueltos a sellar por las autoridades pertinentes.
Cuando se trata de cualquier otro tipo de papeleo la cosa no mejora, incluso se complica al tocar el ámbito de lo laboral, sanitario o territorial. El problema es que los ordenadores y la administración pública no se llevan bien, por muchos cursillos de informática que se impartan a sus empleados y a pesar de la ingente cantidad de tiempo y dinero que se invierta en la creación de webs informativas y programas de tratamiento de datos. La relación entre la burocracia y la tecnología no mejora lo más mínimo y en la desastrosa batalla por su ajuste se lleva por delante a la multitud de ciudadanos que dependen de su buen funcionamiento.