domingo, 24 de julio de 2011

Tengo dudas sobre mi futuro. Durante los cuatro cursos de E.S.O. piensas en el tipo de bachillerato que harás. Cuando cursas tu último año como bachiller tienes como objetivo acabar los exámenes finales y presentarte a los de selectividad. Mientras haces selectividad tu mira está puesta en la entrega de las notas y en la carrera que harás con las que obtengas. El esfuerzo sostenido da, o no, los frutos que encaminarán tu futuro. Pero cuando los frutos que esperabas no son los que obtienes las dudas se multiplican. Puede que no alcances nota necesaria para entrar en tu grado soñado, o que ni siquiera sepas si debes entrar en el que te ha sido adjudicado, incluso si entraba dentro de tus opciones. Te planteas si volver a un instituto para estudiar un módulo de grado superior será dar un paso atrás en tu vida o si por el contrario deberías comenzar una carrera universitaria que no se ajusta a tu forma de pensar. Tomar ciertas decisiones sin disponer de todos los datos necesarios te llena de inseguridad, pero escoger una ruta sabiendo que la otra se te cierra casi por completo provoca sensaciones igualmente perturbadoras. El estómago se encoge como golpeado por una mala noticia, aún más si las personas a tu alrededor ven tu decisión como un error fatal. Agotar cada opción que existe para alcanzar tu felicidad parece la opción más lógica; pero lanzarse al vacío sin red puede conllevar más riesgo del que se está dispuesto a asumir. Aún así sé que si me conformo con cualquier otra carrera no dejaré de reprocharme haberlo hecho y siempre tendré la sensación de haber sido una conformista, cómoda, cobarde, por no haberme arriesgado en contra de la opinión de todos.

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