domingo, 3 de abril de 2011

Quiero huir y esconderme. Encontrar un lugar que me proteja del miedo y el dolor. Temo no poder soportarlo, ser incapaz de luchar aún más. Dicen que la esfera es la figura geométrica que ofrece menos superficie al mundo. Desearía ser una, pequeña, con la superficie pulcramente pulida, para resultar impermeable al dolor. Supongo que es lo que todos buscamos al acurrucarnos, proteger nuestro corazón para que nada lo lastime. Desgraciadamente carezco de armadura. Nuca he sabido ocultarme ante los peores sentimientos. Siempre los he percibido de forma intensa y desesperada, tal vez por eso soy tan propensa al dramatismo, el sufrimiento y la depresión. Una se siente como bajo una cascada: no puedo soportar la presión del agua sobre mi cuerpo, pero tampoco parar la corriente. Tengo la piel sensible y cada agresión anímica me escuece como el ácido. La combinación de sucesivas desgracias y presiones ha minado mis defensas hasta que sólo ha quedado una fina película, cada vez más quebradiza, para aislarme del exterior. Ahora entiendo cuan expuestos se sienten los reptiles al mudar la piel. No me extraña que se oculten hasta desarrollar una nueva. La lástima es que yo no formo parte de un proceso natural; no puedo confiar en que mi escudo se regenere y tampoco tengo la seguridad de poder esconderme hasta entonces. Por ello crearé una coraza de tinta y papel.

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