Actualmente todos los profesores coinciden en que los estudiantes actuales arreglaremos en el futuro todo cuanto deba ser reparado. Sobre nuestros hombros descansa la responsabilidad de frenar el rápido avance del cambio climático, impulsar las energías renovables, desarticular las bandas terroristas, poner fin al fundamentalismo religioso, curar el cáncer, el SIDA, la malaria, el dengue, la esclerosis múltiple; convencer a cada ser humano de la creación de la importancia del reciclaje y el ahorro energético, conseguir la igualdad entre sexos, etnias, nacionalidades y tendencias sexuales; conseguir la fusión fría, entender la estructura y características de la antimateria, desentrañar los misterios que guardan los intrones del ADN, inventar un acumulador perfecto de energía, hacer accesible el conocimiento a todos los seres humanos, lograr que los tratamientos psicológicos estén cubiertos por la seguridad social....
¿De verdad piensan que seremos capaces de hacer en 40 o 50 años lo que ellos no han conseguido en toda su vida? ¿Acaso nos creen más preparados o con más oportunidades para lograr unos objetivos tan altos?
Sinceramente, discrepo. La mayoría de nosotros desearíamos arreglar cada problema que el mundo posee, pero volcar sobre la siguiente generación todo el esfuerzo que ello requiere me parece, cuanto menos, egoísta. No digo que no podamos conseguirlo solos, a lo mejor tenemos una suerte tremenda y lo logramos, pero no cuentan con la desidia y el sentimiento derrotista. A veces se olvidan de que, a pesar de nuestra juventud, algunos también nos cansamos de luchar continuamente. Entre nosotros hay quien a veces gustarían de relajarse durante un tiempo, poder dejar que la corriente le arrastrase sin miedo o soltar la lanza y el escudo por un momento y detenerse a observar como se abre una flor de almendro. Puede que nazcamos con una cantidad de fuerza limitada, que la mayoría consideramos infinita en nuestras edades más tempranas, pero que descubrimos reducida al cabo de un tiempo a partir del cual tememos agotarla demasiado rápido y comenzamos a racionar escrupulosamente.
Teniendo en cuenta todo esto, en ciertos momentos de angustia me asalta una pregunta a la que aún no he logrado dar respuesta: si no conseguimos todos los objetivos que se nos han planteado, ¿habremos fracasado?
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