domingo, 2 de octubre de 2011
Mañana empiezo en un lugar nuevo. Llevo todo el verano esperando a que llegara el siglo XVI y cuando quedan sólo unas horas para que me atropelle me doy cuenta de cuánto me aterroriza. No alcanzo a entender por qué no me había enterado de mi propio temor hasta ahora. Puede que se haya mantenido agazapado todo este tiempo, esperando para saltar sobre mí y rebelarse en toda su inmensidad. No hay duda de que la entrada ha sido histriónica. En un segundo he vuelto al primer día de colegio en mi nueva ciudad. Entonces llegué completamente en blanco, habiendo dejado atrás mi vida anterior por completo. Ahora comparezco casi igual de inmaculada, queda muy poco del pasado que quiera mantener, sólo un par o tres de personas que se comportaron impecablemente. Puede que sean suficientes, no lo sé, desconozco cómo se cuantifica la amistad. En algún momento de mi vida creí que tenía toda la que necesitaba, pero comprobé cuan equivocada estaba poco después. Todo un desfiladero se ha derrumbado ante mis ojos sin que quedara nada por hacer para recomponerlo. En algún momento alguien me dijo que los kanjis utilizados para escribir "crisis" en japonés eran los correspondientes a "peligro" y "oportunidad". Así es, soy una persona esencialmente empírica y lo he comprobado. No se trata de otra absurda leyenda urbana. Puede que aquel desprendimiento estuviera destinado a mostrarme el futuro diáfano que se ocultaba a mi vista, pleno de posibilidades. Es posible que resurja de mis cenizas como el ave fénix, pero para ello necesito apartar los cascotes, echarle valor y empezar a caminar. Les deseo suerte a los cantos caídos.
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